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Con el S8, Samsung consiguió algo bastante espectacular. Desterró elementos básicos de interacción, reconstruyó los fundamentos de su producto estrella y creó un nuevo acabado exterior sorprendentemente atractivo, vanguardista y llamativo.

Fue tan bueno el resultado que, para este S9, no parecía necesaria una revolución conceptual. Una nueva gama de colores y algunas pequeñas modificaciones eran más que suficientes para seguir en lo más alto del sector.

La diferencia menos apreciable es la reducción del borde inferior del teléfono, que varía escasos milímetros y aumenta la compactación del conjunto.

 La diferencia más apreciable (y quizá la única por la que se pueda diferenciar fácilmente un S9+ de un S8+) es la nueva posición del lector de huellas dactilares. Pasa a estar bajo la cámara principal, justo en el centro del teléfono, y es infinitamente más cómodo de utilizar. Se acabaron los esguinces de falange que sufrimos con el S8 y S8+.

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